📚: Los nombres de Feliza, Juan Gabriel Vásquez

Me gustó la novela biográfica en la que Vásquez nos cuenta de la escultora bogotana Feliza Bursztyn, una historia triste, llena de tragedia, en el marco de la violencia política colombiana y del mundo del arte.

La historia recorre fragmentos de su vida con el objetivo de contextualizar su muerte en París, huyendo de la violencia del gobierno. Muestra de frente, sin tapujos, la violencia política a manos del estado colombiano. Plasma de manera convincente la danza entre las esperanzas políticas y la impotencia de sus contemporáneos.

Rinde homenaje a mujeres —no solo Feliza sino otras como Marta Traba— capaces de abrirse paso en esa sociedad machista, retrógrada y violenta en que vivieron —y que tanto les exige de conformismo a espectativas religiosas, morales o políticas de terceros— y entregarse al arte.

Aunque Vásquez no ahonda tanto en ello, me gusta el recorrido ligero por el mundo del arte: las ansias del artista por inventar algo nuevo, por describirse a si mismo; el profundo respeto y apoyo entre artistas, inclusive entre artistas de medios diferentes, pero también la agresividad a la que los puede llevar su rivalidad. En el texto nos topamos con personajes tan interesantes como Luis Caballero, Alberto Giacometti, Fanny Mikey, Rogelio Salmona y Alejandro Obregón —aunque algunos de ellos solo en nombre.

El tiempo es muy bien manejado. Hay varios saltos que son muy bien logrados y enriquecen la lectura. En un escritor menos experto distraerían; en Vásquez son naturales y cómodos. El texto maneja, esencialmente, tres tiempos y salta frecuentemente entre ellos. En lugar central aparece la cámara que va siguiendo día a día, hora a hora, los últimos días de Feliza, en el exilio; en segundo, el recorrido general por su vida, inclusive antes de su nacimiento, contándonos todo su contexto; y, en tercero, en un plano menor, es Vásquez en el presente, cuarenta años después, iluminando un poco su labor investigativa.

Dos comentarios al respecto. La obra gana fuerza de la convergencia natural de estos tiempos primero y segundo, que se unen hacía el final. Por otro lado, la inclusión en menor plano de Vásquez en el presente es una decisión también interesante. Nos permite apreciar el proceso detrás del texto. La presencia de Leyva en este tiempo, su generosidad de compartir la historia, le da nueva vida.

Quizá dejan un leve sabor desagradable algunas frases forzadas, pero son ocasionales y no tan osadas como en otros textos de Vásquez.

Me hubiera gustado conocer mejor a Feliza, leer un poco más sobre su escultura, sobre su visión artística. Vásquez nos ofrece transcripciones de algunas entrevistas que dejan en evidencia su espíritu jocoso, su irreverencia. Esto ayuda, pero queda uno con hambre.

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